El té de jengibre es una infusión vibrante, picante y profundamente reconfortante, ideal para reconfortar el cuerpo en cualquier momento del día. Su equilibrado toque cítrico de limón y el suave matiz de la miel crean una bebida cálida, aterciopelada y llena de carácter. Descubre cómo elaborar esta clásica bebida artesanal paso a paso con la técnica correcta para extraer todo su aroma y sabor natural.
- Preparar el jengibre
Lava bien la raíz de jengibre, retira la piel rascándola suavemente con el borde de una cuchara y córtala en rodajas finas de aproximadamente 2 a 3 mm de grosor para exponer la mayor cantidad de superficie posible.
- Infusionar e ebullir
En una cacerola pequeña, vierte los 500 ml de agua junto con las rodajas de jengibre (y la varita de canela si decides usarla). Lleva a fuego alto hasta que alcance un hervor firme.
- Cocinar a fuego lento
En cuanto empiece a hervir, reduce el fuego al mínimo, tapa la cacerola y deja cocinar a fuego lento durante 10 a 12 minutos. Verás que el agua adquiere un tono dorado suave y un aroma picante característico.
- Reposo
Retira la cacerola del fuego y deja reposar la infusión tapada durante 3 minutos adicionales para asentar los aceites esenciales del jengibre.
- Endulzar
Cuela el líquido directamente sobre dos tazas para retirar los sólidos. Añade 1 cucharada de jugo de limón y 3/4 de cucharada de miel en cada taza.
- Emulsionar y servir
Mezcla bien con una cuchara hasta que la miel se disuelva por completo. Sirve de inmediato mientras esté bien caliente.









